Como expongo en mi introducción, toda mi trayectoria gastronómica la he basado en el mercado y en la precisión de la elaboración.

El mercado está lleno de productos de todo tipo gracias a los transportes actuales que son lo suficientemente rápidos e higiénicos con los alimentos perecederos, pudiendo así disponer de una gama inmensa de materias primas.

Para mi lo más difícil estriba en la selección de estos productos ya que, hoy en día, en alimentación se puede confundir fácilmente alimentos de gran calidad y otros que, por su presentación y estética, nos lo parecen.

Por todo ello casi siempre la calidad de los productos la regula el mercado con los precios.
No digo con ello que siempre lo más caro sea lo mejor, pero sí nos aproximaramos lo necesario a no ser que seamos grandes expertos en algún producto específico.

Por mi experiencia, me considero experto en los productos que manejo y rara es la vez que no coincide calidad con precio. Comprar las mejores verduras, carnes, pescados, frutas, aceites, etc. es un simple ejemplo de cuál es mi tendencia y mi obsesión.

Con todos estos productos, nosotros poco inventamos, solamente debemos preocuparnos en poner nuestros cinco sentidos en su elaboración para no estropearlos.

En cuanto a la elaboración, según mi modesta opinión, es mucho más difícil realizarla con sencillez extrema, ya que solamente dependemos del factor tiempo. Sacar el producto a la mesa en el momento justo, implica una serie de factores de precisión.

De un producto exquisito, con sencillez hacemos una maravilla.
Si nos equivocamos no es un plato recomendable.

Mi filosofía es pues que vengan a comer y se sientan verdaderamente en su casa para degustar grandes materias primas muy poco elaboradas.